El Arte del Kata
Si tienes una tarea o un objetivo, divídelo siempre en Katas simples, de forma que puedeas afrontarlos con comodidad
Por: Yolanda Acosta Urrego. Coac MCC
En una época en la que el acceso al conocimiento es prácticamente ilimitado, resulta paradójico comprobar que cada vez cuesta más desarrollar verdaderos expertos. Disponemos de miles de libros, cursos, videos y conferencias, pero la profundidad del aprendizaje parece disminuir. Con frecuencia confundimos adquirir información con desarrollar una capacidad.
Nobuo Suzuki, en su obra sobre Shu-Ha-Ri, recupera una de las grandes enseñanzas de la tradición japonesa: una persona no alcanza la maestría aprendiendo muchas técnicas, sino dominando unas pocas prácticas esenciales. Estas prácticas reciben el nombre de kata.
En Occidente suele traducirse kata como «forma» o «secuencia de movimientos». Sin embargo, esta definición resulta insuficiente. Un kata es una práctica cuidadosamente diseñada para desarrollar una competencia específica. No busca enseñar únicamente qué hacer, sino transformar la manera en que una persona observa, piensa, decide y actúa.
El verdadero valor del kata no reside en la repetición mecánica, sino en la selección. Un buen maestro sabe que existen cientos de habilidades posibles, pero también sabe que no todas tienen la misma importancia. Algunas constituyen los fundamentos sobre los que se construirán todas las demás. Si esas bases no existen, cualquier aprendizaje posterior será frágil.
Por esa razón, en la etapa Shu, el aprendiz no decide qué practicar. Es el maestro quien establece el orden. La prioridad no depende de los gustos del estudiante ni de aquello que parece más atractivo, sino de aquello que genera la mayor transformación. Cada kata prepara el siguiente. Cada práctica desarrolla capacidades que permitirán comprender otras más complejas.
Este principio rompe con uno de los errores más frecuentes de la educación moderna: intentar aprender muchas cosas al mismo tiempo. Asistimos a un curso de liderazgo, otro de comunicación, otro de negociación, otro de inteligencia emocional, 5S y otro de creatividad. Acumulamos conocimientos dispersos, pero rara vez alcanzamos un dominio profundo de alguno de ellos.
Suzuki plantea un enfoque completamente diferente. El aprendizaje debe seguir una secuencia. Primero se domina un kata fundamental hasta que deja de requerir esfuerzo consciente. Solo entonces se incorpora el siguiente. La prioridad no consiste en avanzar rápidamente, sino en consolidar cada nivel antes de construir el siguiente. Igual que un edificio necesita cimentaciones sólidas antes de añadir nuevos pisos, la competencia humana requiere bases firmes antes de incorporar nuevas habilidades.
Este enfoque explica por qué las escuelas tradicionales dedican tanto tiempo a ejercicios aparentemente sencillos. Desde fuera pueden parecer repetitivos e incluso aburridos como por ejemplo, limpiar el suelo del salón de clases o el banco de un taller. Sin embargo, el maestro sabe que no está enseñando únicamente una técnica. Está desarrollando disciplina, atención, paciencia, precisión, autocontrol y sensibilidad. Cuando estas capacidades quedan incorporadas, aprender nuevas habilidades resulta mucho más rápido.
Existe además otro aspecto que suele pasar desapercibido. Los kata no se practican indefinidamente. Cada uno tiene un propósito formativo concreto. Cuando ese propósito se ha integrado en la persona, aparece la segunda etapa del modelo, Ha. En ese momento el aprendiz comienza a comprender el significado profundo de lo que ha practicado, compara métodos, cuestiona algunos procedimientos y adapta el conocimiento a diferentes situaciones. La repetición deja paso a la comprensión.
Solo después de recorrer este camino aparece Ri, el nivel de la maestría. La persona ya no necesita pensar en el kata porque el kata ha cumplido su misión. Las reglas se han convertido en intuición. Las acciones fluyen con naturalidad. La creatividad surge precisamente porque existe una estructura sólida que la sostiene. Paradójicamente, la libertad no aparece al abandonar la disciplina, sino como consecuencia de haberla practicado durante años.
Quizá una de las enseñanzas más relevantes de Nobuo Suzuki para nuestra época sea que aprender no consiste en acumular técnicas, sino en recorrer un camino cuidadosamente ordenado. La calidad del aprendizaje depende tanto de lo que se practica como de la secuencia en que se practica. Un maestro no se distingue por saber muchas cosas, sino por conocer cuáles son los pocos kata fundamentales que transformarán realmente a su discípulo.
Tal vez deberíamos hacernos una pregunta incómoda. En nuestras organizaciones, universidades y programas de formación, ¿estamos enseñando demasiadas cosas o estamos enseñando los kata adecuados, en el orden adecuado y con la práctica suficiente para que las personas lleguen a dominarlos? La respuesta a esa pregunta puede marcar la diferencia entre formar personas bien informadas o formar verdaderos maestros.
¿Crees que estas enseñando liderazgo, 5S o rutinas de trabajo con charlas motivacionales o presentaciones un una pantalla de TV? ¿Estas comunicando información y no transformando hábitos?
Saludos,
Yolanda Acosta Urrego Coach Senior acreditada MCC.
