Las 9S: cuando el orden se convierte en cultura viva

Desde niña me ha encantado la limpieza. Mi madre decía que yo no quería que nada se ensuciara, que cuidaba que mis cuadernos no se doblaran y que todo estuviera impecable. Y tenía razón: aquel amor por el orden no era una manía, era una forma de belleza.

Con los años descubrí que ese cuidado me traía paz, armonía y gozo; que el orden externo me regalaba claridad interna, y que lo que parecía un simple hábito era, en realidad, un don: una manera de mirar el mundo. Jamás imaginé que ese don se convertiría en mi camino profesional. He vivido de enseñar orden: primero el físico, luego el emocional y más tarde el organizacional.

Durante años enseñé a las empresas la metodología japonesa de las 5S, ese sistema sencillo nacido en las fábricas que buscaba eliminar desperdicios y elevar la calidad. Pero un día me di cuenta de algo: el orden que enseñaba se había quedado corto. Había evolucionado. Ya no enseñaba solo las 5S, sino las 9S. Y quiero contarte por qué.

Las cinco primeras —Seiri (clasificar), Seiton (ordenar), Seiso (limpiar), Seiketsu (estandarizar) y Shitsuke (disciplina)— son el entrenamiento visible del cambio. Son el cuerpo, el entorno, los espacios; el cuidado del lugar donde todo ocurre. Sin embargo, existen otras cuatro, menos conocidas, que llevan el orden a un plano más profundo. Son las que conectan el hacer con el ser, y el resultado con el propósito. Las que transforman la técnica en cultura.

Shikari: la constancia como forma de presencia
En japonés, Shikari significa mantenerse firme, no abandonar el camino. En la práctica industrial se traduce como perseverar; en el plano humano, es el arte de sostener lo aprendido cuando la emoción inicial desaparece. La constancia no es repetir: es recordar por qué empezaste. Es lo que hace que una cultura no dependa de la motivación momentánea, sino del sentido. Un líder con Shikari inspira con su ejemplo: sigue haciendo lo correcto, incluso cuando no hay aplausos.

Shitsukoku: el compromiso que nace del alma
Shitsukoku habla de la fidelidad al propósito y al equipo. No se trata de cumplir por obligación, sino de cuidar lo que prometes porque lo sientes propio. Cuando una persona actúa con coherencia, se vuelve confiable. Y cuando los equipos confían, ya no hace falta controlar: la palabra dada se sostiene sola. El compromiso verdadero no se impone, se contagia. Es ese pacto silencioso que dice: “Puedes contar conmigo, y yo contaré contigo.”

Seishoo: la sincronía que nos hace equipo
Seishoo significa coordinación o armonía. Es mucho más que trabajar juntos: es moverse en sintonía, respetando los diferentes ritmos y talentos. Un equipo en Seishoo es como un grupo de corredores que avanza hacia una meta común, cada uno a su paso, pero unidos por la misma intención. No todos llegan al mismo tiempo, pero todos llegan gracias a la energía compartida. Cuando la coordinación se vive desde la confianza, el trabajo se convierte en una danza: cada gesto tiene sentido porque responde a otro.

Seido: la cultura que se sostiene sola
Seido representa la madurez cultural. Es cuando los valores dejan de depender de un líder o de una norma y comienzan a vivirse naturalmente. En este punto, la organización ya no necesita recordatorios: el respeto, la limpieza, el compromiso y la constancia se han vuelto parte de su identidad. Las personas actúan desde la conciencia, no desde la obligación. Seido es cuando el sistema respira solo, cuando la disciplina se convierte en orgullo y la mejora continua en una forma de gratitud hacia el trabajo y hacia los demás.

Las 9S son un camino de crecimiento humano y colectivo, donde cada “S” nos enseña a cuidar lo visible y lo invisible. Las cinco primeras ordenan el entorno. Las cuatro últimas ordenan el alma. Y cuando ambas dimensiones se encuentran, el trabajo deja de ser una carga y se vuelve una práctica de presencia: una forma de honrar la vida, el propósito y la belleza de hacer las cosas bien.

Porque al final, el verdadero propósito del orden no es tener espacios impecables, sino personas despiertas y culturas que florecen.

En mi experiencia, las 9S se construyen fortaleciendo las conversaciones y el coaching que permiten revisar lo que pensamos, sentimos y hacemos; limpiar los juicios que nublan la mirada y ordenar las intenciones con las acciones. El coaching nos enseña a escucharnos con honestidad y a comprometernos desde la conciencia, no desde la obligación. Cuando una organización cultiva este tipo de conversaciones, el orden trasciende lo físico y se convierte en una forma de vivir: las personas actúan con sentido, los equipos se alinean desde la confianza y la cultura se vuelve una expresión natural de coherencia, propósito y belleza.

Yolanda Acosta Urrego
Coach MCC · Consultora en Liderazgo Generativo

 

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